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La elaboración y destilación casera de alcohol

Publicado originalmente en Licorea.es el 06/08/2021.

La destilación casera de alcohol es un arte, en muchos casos mucho más accesible de lo que parece. Asclepius Merlai, habla de su manual destilación de alcohol

Asclepius Merlai nos introduce a través de su Manual de destilación urbana los conceptos básicos de la destilación casera de alcohol

La elaboración y destilación casera de alcohol viene siendo en la actualidad un tema de interés, una especia de afición satisfactoria para aquellos que disfrutan degustando destilados de alta calidad.

Asclepius Merlai nos cuenta a través de su obra Manual de destilación urbana cómo comenzó su vida como destilador y algunos aspectos puntuales en el tema.

(Nota: El Manual de destilación urbana se enlaza exclusivamente con fines informativos y documentales. La fabricación y destilación de alcohol está sujeta a la legislación vigente de cada país. En España, la destilación artesanal requiere el cumplimiento de requisitos administrativos, fiscales y técnicos específicos)

Para él, la calidad de la mayoría de las destilaciones realizadas por aficionados con alambiques de construcción casera supera con creces a todos los aguardientes, rones, vodkas o ginebras y a todos los destilados en general que pueden encontrarse en el supermercado por menos de 25-30 €. La elaboración y destilación casera de alcohol La elaboración y destilación casera de alcohol viene siendo en la actualidad un tema de interés, una especia de afición satisfactoria para aquellos que disfrutan degustando destilados de alta calidad.

A medida que vayamos avanzando en su obra, comprenderemos respuestas que se atreve a denominar "simples" acerca de cómo el alcohol masificado incide en la cuestión, pues no es de origen agrícola sino industrial y este no puede competir cualitativamente con los aromas naturales de los aguardientes caseros, ya sean de origen urbano o rural.

¿Cuándo comienza tu afición por la elaboración de aguardientes?

Empezó cuando era niño. Durante las largas vacaciones escolares de verano, mis padres no sabían qué hacer conmigo y mi madre me enviaba al pueblo, a casa del abuelo.

Era un hombre alto, fuerte, serio y de pocos amigos. Había estado en la guerra, donde había perdido una pierna. Al verse impedido para realizar el trabajo en la granja, un día, según cuenta mi madre, mató a todos los animales del corral y montó allí mismo una destilería clandestina.

Comenzó a hacer tratos con los vecinos del pueblo que tenían árboles frutales, principalmente manzanos y perales. El negocio era muy simple: la gente le llevaba la fruta a mi abuelo; él elaboraba un mosto, lo fermentaba y, finalmente, lo destilaba.

Del aguardiente que obtenía, mi abuelo se quedaba con una parte que después revendía en la capital comarcal.

Yo ayudaba al abuelo en lo que podía y no me separaba de su lado durante todas las vacaciones de verano. A los 12 años ya llevaba un pequeño tractor con remolque que cargaba de peras, manzanas y ciruelas.

Ahora, 30 años después, soy un currante como todos. Vivo en un piso demasiado pequeño, en una capital demasiado ruidosa, y pago letras demasiado elevadas.

No obstante, aunque el abuelo y aquella granja ya no existan, he continuado con aquel arte. Eso sí, únicamente como afición personal y sin ánimo de lucro.

El Manual de destilación urbana* ya se considera un clásico para quienes desean introducirse seriamente en el mundo de la destilación casera de alcohol. ¿Qué aclaración harías a quienes lo consulten?

- El contenido de este manual no pretende animar a nadie a cometer ningún acto ilegal o prohibido por la administración competente.

Si la destilación casera de alcohol para uso estrictamente personal está prohibida en tu país, comunidad, región o población, no destiles.

Existen muchos países en los que se permite la destilación casera de aguardientes para uso personal. Este libro se ha escrito especialmente para la comunidad de destiladores urbanos y caseros de esos países.

Para el resto, el contenido de este manual es puramente informativo.

Asimismo, esta guía no intenta sentar cátedra ni pretende superar otros sistemas de elaboración de destilados conocidos y de eficacia más que probada.

¿Cuáles son los pasos de trabajo que se siguen en la destilación casera de alcohol?

- El proceso se compone de varios pasos:

  1. Elaboración del mosto.
  2. Fermentación del mosto.
  3. Destilación del mosto fermentado.
  4. Aromatización y tratamiento posterior.

El primer paso es seleccionar las materias primas, que serán las que den un carácter determinado a nuestro destilado.

Seguidamente, se elabora con ellas una solución azucarada —a la que, en adelante, llamaremos mosto— y se crean las condiciones adecuadas para que fermente con ayuda de la levadura correspondiente.

Una vez terminada la fermentación, esperamos un tiempo determinado, que puede ir desde un par de días hasta un par de semanas. Durante este periodo, la levadura muerta presente en el mosto se va asentando en la base del recipiente de fermentación.

destilación casera de alcohol

A continuación comenzamos con la destilación y, por último, aromatizamos el destilado, ya sea mediante el uso de esencias o mediante técnicas de envejecimiento.

Cada uno de estos pasos es sencillo y entretenido, y no implica grandes misterios ni grandes peligros. Ya en la Edad Media se elaboraban destilados a partir de vinos y otros zumos fermentados, sin miedo a quedarse ciegos o morir intoxicados.

El principal peligro del alcohol proviene de su abuso crónico, de las actuaciones irresponsables bajo sus efectos o de su adulteración por desconocimiento o con fines lucrativos.

La destilación urbana es tan segura como la cría de palomos.

¿Por qué consideras que los aguardientes procedentes de la destilación casera son superiores a los productos comerciales?

- Decía un amigo mío que todo éxito o fracaso comienza con unas palabras mágicas.

Durante una cena, uno de los asistentes estaba elogiando un aguardiente de buena marca que había comprado en una tienda especializada. Le expliqué que yo me había criado con mi abuelo en una destilería clandestina y le comenté que, en mi opinión, los aguardientes agrícolas, caseros y de elaboración tradicional eran muy superiores a los productos comerciales.

Mi interlocutor entró en cólera y me expuso mil y una razones que, según él, invalidaban completamente mis afirmaciones: que si te podías quedar ciego, que si en tal sitio habían muerto no sé cuántos por beber alcohol ilegal, que si te vas a creer tú que…

Ninguno de los argumentos que le presentaba parecía hacerle entrar en razón. Si alguien ha muerto o se ha quedado ciego por consumir alcohol adulterado, el problema no está en que ese alcohol sea casero, sino en su adulteración con metanol u otras sustancias tóxicas.

Hablamos de productos manipulados por personas que actúan con ánimo de lucro y que diluyen o mezclan el alcohol con otras sustancias para aumentar su beneficio.

Por ejemplo, los destiladores de whisky blanco de los Apalaches, que se han hecho muy conocidos gracias a la globalización y a canales como Discovery, no mataban ni dejaban ciego a nadie por el simple hecho de elaborar alcohol clandestinamente en los bosques de su región.

Aquella discusión parecía que iba a acabar mal, pues el aguardiente se le había subido a mi interlocutor a la cabeza.

Entonces le dije que lo que estaba bebiendo no era más que alcohol industrial, elaborado mediante procesos químicos y con un poco de perfume.

¿Cómo terminó la cuestión?

- Le dije que lo que él pensaba que estaba bebiendo no era más que una ilusión generada por el marketing y que, sin duda alguna, yo podía hacerlo mejor.

Entonces me retó y pronunció las palabras mágicas: «No hay h…».

Ni corto ni perezoso, establecí las bases del reto y así fue como volví a elaborar destilados. Me comprometí a crear un aguardiente en mi piso utilizando únicamente productos comprados en supermercados y ferreterías.

Un año después volveríamos a vernos para realizar una cata ante testigos de confianza. Le daría a probar tres aguardientes: dos comprados y el que había elaborado yo.

Después tendría que decir cuál de los tres le gustaba más o, en su caso, adivinar cuál había elaborado yo debido a su supuesta mala calidad.

Mi contrincante aceptó.

Al día siguiente comenzó todo un calvario de viajes de un lado para otro: ferreterías, droguerías, supermercados, tiendas agrícolas y tiendas de chinos.

Los kilómetros que recorrí para elaborar 0,7 litros de aguardiente «casero» multiplicaron exponencialmente los que hizo el soldado griego Filípides durante toda su vida.

Está feo que yo lo diga, pero gané la apuesta con creces.