Cuando Jean Martell fundó Maison Martell, ya tenía puesto el ojo en Borderies, la más pequeña y rara de las regiones de producción de coñac. Las uvas que crecen en los suelos de sílice y arcilla de Borderies aportan a sus eaux-de-vie unos distintivos aromas florales y una suavidad excepcional. Es este terroir único el que confiere a los mejores coñacs de Martell su característica elegancia y sutileza